El universo ofrece muchas más preguntas que respuestas, como se desprende de la conversación sobre su origen con el que se han iniciado este viernes los encuentros del IX Foro de la Cultura en el Teatro Calderón, moderado por la bióloga molecular y primera mujer española integrante de la reserva de astronautas de la Agencia Espacial Europea, Sara García Alonso, en el que han participado el doctor en Prehistoria, investigador y arqueólogo Ignacio de la Torre, la física y nanotecnóloga Sonia Contera y el físico teórico Miguel Alcubierre. A partir de la búsqueda en los orígenes, el diálogo ha llegado hasta la actualidad para poner sobre la mesa las virtudes y los peligros de la inteligencia artificial.
En un mundo en el que a largo plazo «habrá viajes interestelares», como ha asegurado Alcubierre, Sonia Contera ha reconocido que existen problemas a los que la ciencia no puede responder. «El universo no se puede comprender de una manera lógica» y hay aspectos de la vida que «no se pueden estudiar de una forma racional», ha asumido. Teorías de otro tiempo ni siquiera sirven actualmente, tal como ha señalado Ignacio de la Torre: «Se pensaba que el bipedismo y origen de la cultura estaban relacionados», ha recordado para remarcar que esa teoría se ha rebatido, tras descubrirse que el ser humano se bajó de los árboles y comenzó a andar «hace 5 o 6 millones de años», mientras las evidencias culturales y tecnológicas «son de 3 millones de años».
Además, entra en juego el azar, en cuyo papel esencial se han mostrado de acuerdo los ponentes. «Nuestra aparición es contingente. Si hubiera dinosaurios quizá no habría seres humanos. Hay un elemento azaroso en la vida», ha comentado Miguel Alcubierre. De hecho, ha añadido Sonia Contera, el azar es precisamente «una de las reglas del universo», algo que no es negativo para la nanotecnóloga: «Si todo se pudiera saber con la lógica, no seríamos libres. La libertad emerge de la grieta. Si hay algo que significa estar vivo es intentar ser libre», ha sentenciado. También para la evolución humana es un factor esencial el azar aunque a partir de un momento concreto siga unos parámetros «lógicos», ha corroborado Ignacio de la Torre.
Sobre si la inteligencia artificial puede ayudar a resolver el enigma del origen, los invitados al diálogo han admitido las posibilidades de esta herramienta al tiempo que han alertado de sus riesgos. Contera ha situado el comienzo de la IA en los años cincuenta, en un «confluir de ideas, en el que entra también Ramón y Cajal con su red neuronal». Lo que ha cambiado ahora es que se dispone de fuentes energéticas potentes y puede resultar «muy útil para la ciencia por la cantidad de datos que nos permite manejar», pero «necesita mucha energía y detrás hay mucha geopolítica». «Estamos en un momento muy peligroso, lo bueno y lo malo de la ciencia se mezcla, conviene tener sentido crítico», ha añadido.
En la utilidad de la IA para analizar y clasificar datos ha coincidido Miguel Alcubierre, quien ha avisado del peligro que puede tener esta tecnología fuera de los ámbitos puramente científicos, en el día a día, por culpa de unos sistemas que «están diseñados para validar lo que dices», que genera desinformación y hasta «inventa cosas»